Escribir desde el silencio
Hoy cogí mi amatista entre las manos y me quedé en silencio unos minutos antes de escribir. No siempre sé qué poner en el papel, pero sí sé cómo prepararme para recibirlo.
Los cristales no escriben por mí. Pero me recuerdan que hay algo más grande que mis pensamientos. Y desde ahí, las palabras fluyen solas.
